Ug y la Rueda.

Andaba Ug como siempre, acompañado de su perro Grr, paseando por la ladera de una montaña donde más de una vez había ido a cazar con los otros compañeros de la tribu, aunque aquel día él se había despistado de la partida de caza, algo habitual en Ug que lo hacía tan a conciencia como a menudo.

Aquella tarde hacía calor y Ug decidió echarse a la sombra de una roca que sobresalía de la ladera. Grr se tumbó a su lado como lo había hecho aquella lejana noche que, en una de sus escapadas del grupo, terminó perdido dos días.

Ug estaba casi dormido cuando algo sacó de su letargo a Grr. El perro primero levantó sus orejas y después se irguió sobre sus cuatro patas y gruñó a Ug como en aquel primer encuentro entre ambos y que hizo que el chico lo bautizara con el nombre que tenía. Ug se despertó y cogió su palo de caza esperando a un enemigo cercano, pero Grr no miraba hacia ningún sitio en concreto, si no que daba vueltas sobre si mismo y termino por pegarse a la pared de la oquedad. Ug hizo lo mismo por imitación, pues Grr no solía equivocarse. Un instante después notó bajo sus pies algo que nunca antes había notado. Aquella sensación era lejanamente parecido a cuando por primera vez, en una partida de caza, notó como se acercaba una manada de mamuts de la cual no consiguieron abatir a uno solo de aquellos gigantescos animales. Pero aquella sensación de temblor del suelo que en ese momento estaba notando era como la de los mamuts acercándose pero amplificada enormemente. El suelo temblaba como nunca había esperado que pudiera hacerlo.

El temblor duró bastante y, mientras la tierra se movía, Ug notó como los pájaros habían dejado de cantar y muchos de ellos volaron alejándose de las piedras y los árboles en los que estaban un momento antes. También vio como rocas de la parte superior de la ladera caían después del saliente de la ladera bajo el cual se encontraban él y su perro. Vio como las rocas iban colina abajo hasta llegar al riachuelo en el cual terminaba el valle. Cuando fue a salir escuchó un nuevo ruido y la tierra tembló de nuevo, aunque de manera diferente, pues sonaba como si algo se acercase desde la parte superior de la colina, por encima de donde él y su amigo se encontraban. Ug se dio cuenta que Grr se había encogido de nuevo de miedo y decidió hacer lo que él. Momentos después, una roca de gran tamaño apareció de la nada por encima de donde estaban refugiados y rodó colina abajo como las demás, si bien algo le llamó la atención de la roca, era muy plana y rodaba mejor que las demás que había visto momentos antes.

Ug esperó a estar seguro de que todo estaba calmado y de que la tierra ya no vibraba y que ningún nuevo ruido alteraba la tranquilidad de la tarde, si bien lo que lo hizo tranquilizarse fue ver como Grr erguía de nuevo su cola y comenzaba a olisquear el rastro de algún animal que había estado antes que ellos allí. Justo un momento después de ver al perro se dio cuenta que los pájaros cantaban de nuevo y estaban posados en los lugares habituales. Sabía que aquello era una señal de que todo volvía a estar como siempre.

Ug no sabía que hacer, pero sí sabía que aquella última piedra tenía algo que la hacía especial. La forma de caer colina abajo había sido mucho más suave y rápida a la vez, y aquello no se le podía achacar a su gran tamaño y peso. Rocas más grandes habían caído momentos antes pero daban botes inesperados en cualquier dirección, pero aquella había caído de manera particular. Como era normal en Ug, no podía dejar de pensar en la piedra y no dejaba de preguntarse porqué de aquella forma tan especial de caer. Decidió bajar hasta el riachuelo donde la roca, como otras al igual que ella, había terminado hacía un rato.

Al llegar a la piedra que le tenía intrigado vio que tenía un palmo de grosor y que era casi tan grande como él. Su forma, en su zona más extensa, era los más parecido que había visto a la la gran luz blanca que no calentaba y que iluminaba cuando la otra luz que sí calentaba hacía rato que ya se había ido tras las montañas de los picos blancos. La roca tenía esa forma de la luz en esas veces que mejor dejaba ver.

No pudo dejar de tocar y observar la roca, si bien no consiguió levantarla debido a su gran tamaño. Pero la forma de moverse la piedra cuando cayó seguía en su cabeza y decidió hacer aquella forma con otra roca más pequeña o algún otro material y ver de nuevo cómo se movía.

Primero intentó darle forma a una pequeña roca de las que había a su alrededor a golpes como los que usaban los cazadores de la tribu para las puntas de sus palos de caza, pero la forma no era nunca la correcta. Pensó que no conseguía la forma deseada por culpa de la roca que usaba para dar los porrazos a la otra y se metió en el río para buscar otra mejor. Estaba mirando dentro del agua cuando sus ojos vieron aquella pequeña piedra que tenía la misma forma que la que él pretendía conseguir. La sacó del agua dando saltos de alegría mientras Grr lo miraba con una mezcla de miedo y desconcierto.

Después de ver como su pequeña piedra se comportaba de la misma manera que aquella gigante que había bajado por la ladera cuando se encontraba con una inclinación suficiente, se fue corriendo hacia la cueva donde las hembras cuidaban de los cachorros más pequeños que él. La cueva la ocupaban en esa época donde las manadas de animales cambiaban de lugar donde encontrar comida y donde hiciera menos frío.

Ug llegó a la cueva cuando La Luz que calentaba ya casi tocaba los picos blancos. Lo recibieron varios de los cachorros de la tribu que jugaban en el agua que salía de la cueva. Los llamó desde un sitio donde había suficiente inclinación y les enseñó lo que hacía su piedra. A algunos la forma de caer la piedra no les importó y volvieron a jugar al riachuelo, otros disfrutaron viéndola caer una y otra vez y alguno intentó quitarle a Ug su tesoro a lo que este respondió con un empujón lo suficientemente fuerte como para que no volviera a acercarse a él.
Ug intentó enseñarle su descubrimiento a las hembras de la tribu, pero ninguna le echó cuenta, pues estaban cada una con sus tareas, curtiendo pieles de la caza, preparando la comida de los que no habían salido en la partida o recolectando los pocos frutos que quedaban ya en los árboles. Sólo una hembra, una de las mayores, le echó cuenta y sólo con el fin de señalarle hacia el lugar por los que él al comienzo de ese día había salido con la partida de caza.

Ug no hizo caso a la hembra que intentó que volviera con los machos a cazar. Durante varias jornadas se dedicó a buscar la forma de su roca alrededor. Probó con muchas más rocas de diferentes tamaños, pero pronto se pasó a los troncos que había cerca de un caudaloso río que había a no mucho rato de la cueva. Allí, en un recodo, se acumulaban los troncos que arrastraba la corriente. Días antes había visto que un tronco rodaba sobre el agua como su piedra, aunque era mucho más largo.

Fue creando, con paciencia y una de las piedras que usaban para romper los huesos de los mamuts y sacar su jugo, nuevas formas que rodaban a partir de los troncos cada vez de manera más parecida a la forma de la luz que no calentaba. Uno de los troncos de los que sacó varias de esas formas estaba carcomido por dentro y un día unió dos de las pieza mediante la rama seca que tenia para defenderse de las fieras. Vio como aquella unión también rodaba. Para divertirse con Grr que estaba a su lado pretendiendo jugar, cogió una gran corteza que había arrastrado la corriente y la puso encima de su nuevo invento y paseó al perro que, con el rabo entre las patas, no se atrevió a bajarse del invento.

Ug se llevó todas las piezas de su invento usando sus propias manos y el lomo de Grr donde amarró la corteza y una de las formas que había unido a la vara con una tira de piel de mamut. Cuando llegó cerca de la cueva vio que había mucho revuelo y se acercó a los que allí estaban. Vio varios de los componentes de la partida de caza y se enteró que Pa, el más viejo y sabio de todos ellos, había tenido un accidente al caerse por una grieta en suelo y estaba mal herido. Entre varios de los cazadores intentaban traerlo desde la distancia, pero Pa era muy pesado y los dolores hacían aun más difícil llevarlo a la cueva donde Ena, la sabia anciana de las hierbas, que hacía tiempo que estaba casi inmóvil podría darle sus cuidados. Los cazadores que habían vuelto se estaban planteando llevar a Ena hasta Pa, aunque la salud de Ena tampoco recomendaba movimientos excesivos. Ug no lo pensó. Preguntó por donde venía el grupo que traía a Pa y salió a su encuentro con su perro y las piezas de tronco que aun no habían soltado.

Ug tardó lo que quedaba de luz que calentaba y una luz que no entera en llegar donde estaba el grupo que llevaba a Pa. El grupo de cuatro machos de su manada estaba sentado en unas rocas y Pa, en medio, quejándose de sus heridas, sobre todo de sus piernas ensangrentadas y retorcidas que no podía mover. Ug se acercó y los saludó con la mano. Los porteadores no entendían que hacía allí, pero le devolvieron el saludo. Ug montó el invento en el que había paseado a Grr y les indicó a los porteadores de Pa que hacer con este. Al principio no le hicieron caso, pero Ug montó a Grr sobre el invento y lo movió casi a placer a pesar de que el animal era bastante mayor que el chico.

Los cazadores hicieron lo que Ug les había mostrado y quedaron impresionados con la facilidad que el chico sólo movía a Pa y como éste se quejaba menos que cuando lo porteaban.

Tardaron una luz caliente y parte de una fría en llegar, pero Pa llegó en suficiente buen estado como para que Ena lo cuidase y estuviese bastante recuperado de sus heridas antes de la salida a los lugares mas cálidos para pasar la temporada fría.

A partir de aquel día Ug nunca más volvió a ser molestado por sus idas y venidas y por no ir con las partidas de caza salvo cuando él quería. Ug mejoró su invento con ayuda de alguno de los cazadores más fuertes que entendieron de la importancia que aquel hallazgo del joven. Desde entonces usaron el invento de Ug para llevar de un lado a otro todo lo que necesitaban así como a los más débiles o lastimados.

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Para saber más: 

La rueda es sin lugar a dudas uno de los inventos de mayor trascendencia en la historia de la humanidad como tal. En Eslovenia se halló una rueda cuya antigüedad ha sido datada más allá del 3100 a.C., aunque en un pictograma sumerio fechado entorno al 3500 a.C. aparece representada ya una. Se supone que su desarrollo se podría haber extendido desde la fértil civilización de Sumeria al resto de pueblos en desarrollo de la época, pues se han encontrado diferentes restos de ruedas, destacando el descubierto en Gran Bretaña.

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(Rueda maciza de madera encontrada en Blair Drummond. Primera evidencia de transporte rodado en Gran Bretaña.)

El invento de la rueda trasciende más allá del uso como elemento fundamental para el transporte, entre otros usos,  es de destacar el desarrollo de ruedas dentadas, de vital importancia para el funcionamiento de todo tipo de mecanismos y maquinarias responsables en gran parte del despegue tecnológico de la humanidad en los últimos dos siglos.

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Si quieres ampliarLa historia de la rueda según recuerdosdepandora.com

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