Lan y el fuego.

 

Lan no podía olvidar aquella agradable sensación. Una sensación que sentiría muchas veces a lo largo de su vida, pero aquella fue la primera vez. Recordaba el día que su madre había traído a la cueva el calor con aquel palo lleno de luz cálida.

Todos los de la tribu habían visto muchas veces las luces blancas en forma de raíces que bajaban del cielo. Algunas de esas extrañas luces, después de chocar con el suelo, daban otras más parecidas al atardecer. Las luces del color del atardecer se comían los arboles. Pero el espectáculo de las luces siempre había sido en la lejanía. Nadie se atrevía a acercarse. La madre de su madre, Ena, le contó que una vez, antes de vivir en su actual cueva, mandó a los cazadores para explorar que eran aquellas luces, pero cuando estuvieron cerca del lugar donde cayeron algunas de esas luces y vieron como los animales huían, ellos hicieron lo mismo.

lightning-1158027

Aquella tarde fría, una de esas luces blancas bajó del cielo sobre un árbol seco. Desde que se habían quedado a vivir en la gran cueva, esperando una partida de caza que nunca volvió, aquel gran árbol había sido el lugar de juegos favorito de los más pequeños. Pero esa tarde el árbol seco de los juegos recibió la luz blanca, y después del impacto comenzó a surgir de él la luz del color del atardecer, como la que conocían en la lejanía.

Al principio todos huyeron. La luz blanca casi siempre iba acompañada de un ruido ensordecedor y que asustaba hasta a los animales más valientes. Lan estaba sentada junto a su madre, que al ver lo sucedido, le puso una mano en la pierna, para justo después mirarlos a todos. Después se levantó y comenzó a caminar. Algunos intentaron detenerla con algún tímido gesto o grito, pero ni siquiera los miró. Ella nunca se dejaba intimidar por aquellos que no entendían su curiosidad. Su hija había heredado ese don, el de la curiosidad.

 

La mujer se acercó al árbol que estaba cubierto en parte con la luz que se parecía al la del atardecer. Anduvo hasta estar a pocos pasos para detenerse repentinamente, como asustada. Pero justo después extendió hacia delante sus manos y luego sonrió. A continuación se giró, miró a todos con la cara de tranquilidad. Les hizo un gesto, casi uno por uno, para que se acercaran a donde ella estaba, aunque ninguno de los otros miembros de la tribu le hizo caso. Al ver que nadie se atrevía a ir donde ella, miró a Lan dulcemente y ella, a pesar del miedo, que hacía que le temblaran las piernas, el gesto y la mirada de du madre le dio fuerzas para acercarse donde estaba. Lan , sin que le tuviera que decir nada, noto lo que su madre quería que sintiera. La luz del color del atardecer era cálida, muy cálida, incluso a varios pasos, mucho más que la luz que calentaba el día cuando mejor se veía. Mientras se miraban madre e hija y sonreían, algo crujió.

forest-fire-432870_1920

El sonido había salido del gran árbol. Una de sus ramas repleta de luz se separó repentinamente y cayó del tronco al que siempre había estado unida un instante antes. La rama quedó a un paso de donde estaban ambas mujeres paradas. Al principio las dos quedaron asustadas por igual. Lan dio un paso atrás, pero su madre, en contra de lo que todos parecían esperar, se adelantó y alargó su brazo hacia la rama recién caída. Dudó un instante, si bien cogió la rama, con miedo primero y seguridad después, por el extremo que todavía no había sido ocupado por la luz, y la levantó enseñándosela a su hija y a los demás como si de un gran trofeo de caza se tratara.

La mujer llevó la rama repleta de luz hacia los que observaban sorprendidos y asustados el espectáculo desde hacía rato. La mayoría huyeron, pero algunos, sobre todo los niños, se acercaron y sonrieron al notar el agradable calor que la rama desprendía. La valentía de los niños hizo que la mayoría de los mayores se acercasen, posiblemente avergonzados por la valentía de los más pequeños. Al rato, todos deambulaban alrededor de la rama que emitía luz y calo. Pero al rato empezó a perder la luz lentamente.

Cuando ya la rama estaba casi devorada por la luz cálida y esta era cada vez más débil, a la mujer se le cayó de las manos lo que quedaba por culpa del calor que casi le hacía daño. El palo ennegrecido fue a caer junto a una piel fresca de la última caza que habían estado limpiando un rato antes. Tras el contacto de la rama con la piel comenzó a oler mal. Todos los presentes vieron como la luz deshacía los pelos de la piel emitiendo un poco de nueva luz entre tanto. La mujer observó el hecho y le señaló a Lan unas cortezas que usaban para llevar agua a la cueva. La chica le llevó las cortezas a su madre, cogió una de ellas y la puso bajo la rama con cuidado de que el calor no le hiciera daño. En poco tiempo la corteza empezó a emitir la misma luz que un rato antes lo había hecho la rama y, antes que esta, el árbol.

De esa manera mantuvieron la luz de las ramas varias jornadas. Pero una noche, en la que todos dormían cómodamente gracias al calor de la luz que salía de una montaña de troncos, cayó agua del cielo, como solía hacerlo ya en esa temporada bastantes veces. El agua entró en la cueva repentinamente empujada por el fuerte viento. Aquel golpe de viento gélido y agua acabó, ante el asombro de los pocos que se habían despertado, con la luz de las ramas en un instante.

fire-1797890_1920

Durante el tiempo que había durado la luz cálida lo había hecho en forma de montaña de ramas a la que todos los de la tribu habían aportado lo que encontraban con el fin de mantenerla. Los que antes le tuvieron miedo a la luz no sólo se habían acostumbrado a ella si no que prácticamente la adoraban. La mayoría de los componentes de la tribu se acercaban a la montaña de luz al volver de sus quehaceres o cuando tenían frío. Otros iban simplemente a contemplar la luz y quedaban embelesados durante largo rato como si no existiera otra cosa en el mundo.

Para todos fue muy triste la desaparición de la luz. El frío que había ido llegando, al tiempo que las noches crecían en duración, se hacía más llevadero con el calor que la luz ya mantenida por todos. El tiempo que la luz estuvo encendida vieron qué cosas la alimentaba y la creaba y cuales no, incluso aquellas que la hacían desaparecer, como el agua o la arena. Pero no pudieron hacer nada aquella noche de la tormenta

Todos estuvieron mucho tiempo esperando otra luz blanca. Algunas de ellas cayeron a lo lejos sin que nada pudieran hacer ellos. También pusieron ramas elevadas sobre el suelo, cerca de la cueva, imitando al árbol en el que todo había empezado. Tenían la esperanza de que una de aquellas luces volviera a crear la luz cálida, pero no hubo suerte.

Así pasaron la primera parte del extremo frío de esa época. Era la segunda temporada fría que pasaban sin moverse de aquella cueva. En aquel lugar tenían agua de sobra, la caza era suficiente, incluso en la época de más frío. Además, algunos árboles daban pequeños frutos de colores que ayudaban a tener algo más que la carne para comer. Pero cuando caía agua blanca del cielo, y formaba un manto blanco, el frío era lo peor.

Un día de esos que se había formado ya la capa de agua blanca que no desaparecería hasta que los días comenzasen a alargar, Lan fue al encuentro de la partida de caza que salía a diario para abastecer a la tribu. Ya se acercaba la hora de la vuelta de los hombres. En esos días, cuando la luz cálida del cielo comenzaba a acercarse a su desaparición, el frío se hacía más insoportable si cabe, a pesar de las pieles que usaban para cubrirse dentro y fuera de la cueva en esa época. Lan se había puesto a andar más por entrar en calor que por ir a buscar a los hombres.

Lan iba andando hacia el paso de las montañas por donde debían pasar los cazadores a su vuelta. Vio como un pequeño animal se escondía bajo una piedra. Salió corriendo, quería verlo de cerca, levantó la pesada piedra bajo la que el animal se había escondido, pero ya no estaba allí. Seguramente, como en otras ocasiones que había ido a cazar de pequeña con los niños del grupo, antes de que todos crecieran y se fueran con las partidas de caza a las que a ella no dejaban ir, el animal se había escabullido por entre las demás rocas. Lan tiró la piedra que había levantado para buscar al animal con fuerza contra el suelo. Había recordado la injusta prohibición para ella de ir de caza. Nunca había entendido esa prohibición. Ella cazaba mejor que la mayoría de los jóvenes y seguía los rastros de los animales mejor que casi todos los de la tribu. Estaba en ese instante de enfado cuando vio algo que le hizo olvidar la prohibición. Al chocar la piedra contra el suelo vio que del impacto de la piedra con otra similar saltaron pequeñas luces del color del atardecer, como las que salían de la luz de las ramas cuando los trozos de tronco o corteza se caían bajo el efecto de la luz cálida, o cuando saltaban de una rama a otra.

Lan probó a hacerlo de nuevo. Cogió la roca que había tirado y la lanzó de nuevo contra otra, pero esa vez no sugirieron luces de color. Lan quedó confundida, pero la chica nunca se rendía. Cogió de nuevo la piedra original y la chocó con la primera que lo había hecho. De nuevo las pequeñas luces volvieron a surgir justo tras el choque. Lo repitió una vez más con el mismo y luminoso resultado. Aquello la llenó de felicidad. Pensó que si podía crear las luces cálidas y pequeñas, que ella había visto como al caer sobre otras cosas podían producir luces mayores y crear una luz cálida permanente, conseguiría hacer la luz cálida sin necesidad de la luz blanca.

Lan se puso manos a la obra. Buscó algo que aceptara las pequeñas luces cálidas creadas por el choque de las piedras y así crear una luz mayor y permanente. Al principio sólo encontró ramas grandes a los pies de los árboles que no consiguió que crearan luz a pesar de ponerla cerca de las piedras que soltaban las pequeñas luces al ser golpeadas entre sí. Cuando ya empezaba a cansarse y a sentirse frustrada, cuando la luz cálida del cielo había desaparecido por el horizonte y empezaba a ver ya con dificultad, se dio cuenta que en una de las ramas caídas que había recogido quedaban los restos de un nido seco y desecho. Inmediatamente decidió hacer chocar dos de las piedras cerca del amasijo de ramitas y plumas. Necesitó dos intentos. Y vio como algunas de las pequeñas luces comenzaron a crear la luz que tanto deseaba. Se comenzó a generar una luz cada vez mayor y la usó para hacer lo que no había conseguido antes, prender las ramas mas pequeñas que había acumulado.

fire-171229_1920Lan comenzó a dar saltos de alegría y gritos. En uno de esos salto se giró sobre sí misma y vio como un grupo de hombres la flanqueaba, era la partida de caza, que tenían iluminadas sus caras de sorpresa. Lan no sabría decir cuanto de iluminadas por la luz y cuanto por sus saltos y gritos. Alguno de ellos miraba hacia el cielo lleno de estrellas buscando algo que pudiera formar la luz blanca, aunque no encontró nada. Lan les enseñó la luz cálida que llenaba varias de las ramas y la mayoría de los hombres le sonrieron.

Cuando Lan estaba llegando a las cercanías de la cueva, vio como comenzaban a salir los que allí estaba. Claramente habían visto La Luz que ella y varios hombres portaban cada uno en una rama. Los niños corriendo, y después algunos de los adultos, salieron a su encuentro. Los pequeños se fueron al lado de la entrada de la cueva a buscar las ramas y otros objetos que habían reunido la vez anterior que tuvieron la luz cálida y que nadie había usado. Su madre salió de la cueva casi la última y la recibió con una amplia sonrisa. La chica le dio la rama candente a uno de los muchachos que habían salido recibirlos y ella se fue con su madre que la observaba llena de orgullo, y se la llevó a un lado para ofrecerle una pequeña bolsa. Esta abrió la bolsa y sacó varias piedras del tamaño de una mano de niño pequeño, no entendía que quería decirle su hija con ese presente. Lan cogió dos piedras grises y las chocó suavemente haciendo que saliera del choque una ristra llamativa de pequeñas luces cálidas. La madre, sorprendida, entendió el regalo y el descubrimiento de su hija: mientras no les faltaran esas maravillosas piedras y ramas para mantener la luz cálida nunca mas les faltaría la luz cálida.

pedernal

Para saber más: El pedernal es una piedra de alto contenido en Sílice y que al ser frotada enérgicamente con metal o con algunos tipos de minerales similares genera gran cantidad de chispa y se usa acompañado de un comburente adecuado que permita el inicio del fuego.  En la forma comercial actual se usa una barra de magnesio que se erosiona obteniendo un polvo fácilmente inflamable sobre el que debe actuarse con las chispas del pedernal. En la antigüedad, cualquier material que fuera combustible (destaca el uso de hongos muy inflamables como el  Polyporus fomentarius) se usaba como iniciador del fuego, se denomina yesca (de ahí el nombre de los mecheros yesqueros basados en su funcionamiento así como las primitivas armas de fuego que usaban pedernal y yesca como iniciadores de la detonación).

Teniendo en cuenta que el Sílice, denominado Silex en arqueología, se usa desde la lógicamente denominada Edad de Piedra para la fabricación de herramientas, armas y útiles, no es de extrañar que pronto el ser humano sacara partidos esta roca tan versátil en la Prehistoria en en tiempos mucho más recientes. (Ej.:Armas de pedernal)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s